Los amantes
Octubre 12, 2008
Hace escasamente 24 horas me encontraba en Murcia viviendo un problema un tanto particular y cercano. No por el simple hecho de que ese problema lo estuviera viviendo uno de mis mejores amigos desde la infancia, sino por el mero hecho de que me convertí sin apenas darme cuenta en un espectador de un fenómeno universal como es el de las crisis de pareja, las rupturas, los incendios del alma y el miedo al cambio. En relación a esta cuestión y observando a mi colega bajo la experiencia del fenómeno de los últimos días de vida en pareja, incluidas mis conversaciones con Vicente Verdú sobre el enigma en cuestión en la última edición de Abycine, pude darme cuenta de que los amantes entran en una espiral de inseguridad donde todo lo que suponga enfrentarse a un nuevo ámbito de vida se concibe como algo monstruoso y misterioso, un escenario polar donde la sensación de miedo paraliza el motor de las decisiones y fusila la voluntad.
En la separación la razón se diluye hacia el estómago en una bola híbrida con los sentimientos, éstos colonizan las manos destempladas, los factores externos como el alcohol suelen entrar en escena con un discurso hedonista y autodestructivo y la pérdida de sentido de la vida queda patente en la insomne nocturnidad y la falta de oxigeno. En esa travesía y muy de vez en cuando, la consciencia avisa de que se ha tomado el camino correcto y aprueba el abandono, pero su campaña en plena guerra bioquímica es igual de débil que cualquiera que pudiera haberse hecho en contra de la inexorable carrera de la ascensión de Hitler al poder. El absolutismo del miedo a un nuevo sistema de vida en tan situación de días engañosamente gloriosos, se hace tan enorme que bien puede resumirse en el sintético Haiku del maestro Kobayashi Issa: De no estar tú, demasiado enorme sería el bosque.
Esta reacción en cadena responde y empieza en un estatus físico (reacción del cuerpo) que de no ser controlado por alguna vacuna apolínea_ tal es la proliferación de fármacos psiquiatricos en la sociedad actual_ puede llegar a ser tan súbito como el aguijón que el escorpión se clava a sí mismo al sentirse amenazado por el fuego. También demuestra las múltiples caras de la voluntad, su casi inane presencia en el devenir de la existencia, la importancia de repensar la glándula pineal (aunque sólo sea como metáfora) y la conexión entre el cuerpo y la mente, aquel interfaz que buscaba Descartes y que en los albores del siglo XXI se sitúa como una de las cuestiones más urgentes de la Filosofía de la mente. Esa relación de armonía entre el cuerpo y la mente escondida en nosotros mismos pero que se diluye en los fatuos fuegos de la vanidad, fue el horizonte que llevó al suicidio en una habitación de la ciudad de Turín el 27 de Agosto de 1950 al poeta Cesare Pavese, quien escribió sus últimos versos a la actriz norteamericana Constance Dowling: “La muerte tiene una mirada para todos, vendrá la muerte y tendrá tus ojos…” rubricando así su visión estético-romántica del concepto de la imposiblidad del amor heredado de cualquiera de los discursos Shakesperianos. En definitiva, cuando el poder de la separación legisla, el escenario de desolación se despliega en el abandono de uno mismo, mientras tanto el cuerpo tiembla pero la mente lo desatiende, lo trata como a un indigno porque carece en cierta medida de voluntad propia.
El sueño Qujotesco traza conclusiones cercanas a la tragedia, como única respuesta a un problema donde la solución está prescrita por el propio Hidalgo: cuando Dulcinea se mueve para encontrar a Don Quijote, Don Quijote lo hace en la dirección equivocada, buscando luchar con molinos y gigantes, apartándose cada vez más de la bella Dulcinea. Su obsesión le ha hecho perderse, desesperar en el delirio de encontrar lo absoluto, ya no sólo de obtener la conquista de Dulcinea, sino la conquista del mundo a través de Dulcinea.