la ubicuidad del álgebra
Junio 9, 2008
El principio de composicionalidad de Frege es sin duda un descubrimiento insólito en la esfera de la semántica, quizá sin tal reflexión el mundo aún se preguntaría por la existencia de sirenas, demonios, ángeles o unicornios
La tierra flota sobre el agua que es la fuente de todas las cosas_ Diógenes Laercio.
La inesperada lluvia que ha inundado hoy el pueblo de Getxo en el es País Vasco, me ha provocado una reflexión histórica sobre lo que el sabio griego Tales de Mileto llamó arjé y por lo que los gobiernos actualmente parecen erigirse en una suerte de guerra que bien podría acabar en una desolada guerrilla entre autonomías: la guerra del petróleo.
El agua define actualmente muchos de los difusos rasgos de la globalización, de su gestión y de su conciencia, en virtud de la apresurada carrera de Zaragoza por celebrar la denominada “mayor fiesta del agua en la tierra”. Dicho elemento parece ser, sin embargo, una subcategoría dentro de esta vasta política pues está en boca de todos pero no al alcance de todos. En contraposición a la categoría primera que impera en el ideolecto de los gobiernos del mundo, que es la categoría de Petróleo, el agua podría ser sin duda una forma nueva de ecoglobalización, que podría permitir re-gestionar la cuestión de las energías en algunos puntos del mundo.
Aquellos continentes rodeados de agua podrían generar energía “mareomotriz” para cubrir durante siglos el gasto de energía de sus respectivas ciudades, en vez de perpetuarse en esa guerra colonial por la conquista del Círculo Polar Ártico, en la que se han enrolado Dinamarca, Rusia y Noruega.
Rusia ha llegado incluso a clavar una bandera en un iceberg como si hubiera llegado a la luna.
Esta imagen que parece sacada de una interminable jugada de Risk, es un ejemplo significativo de la inversión económica de algunos países en detrimento de la próspera investigación científica, que parece sufrir una especie de olvido moral porque atenta contra ciertas áreas de la ortodoxia económico-histórica de algunos países. Dicha ortodoxia está íntimamente relacionada con la cultura capitalista, lo cual no implica aquí una crítica marxista al sistema capitalista, al revés, lo que queremos defender en este artículo es la tesis de que la razón económica (la meteodología de gestión de la economía) estriba en casos que quitarían la razón al propio Marx y a su materialismo histórico: a la luz de las riquezas de países como Irán o Arabía Saudí en materia de combustibles. Como nota paradójica podemos destacar que la población de dichos países siguen siendo, sin embargo, preeminentemente pobre; no hay lucha de clases hayá donde no hay clases. No es extensible, en este sentido, la teoría de Marx.
Más bien defendemos aquí una realidad capitalista (la única que hay por defender) en la que el librecambrismo es la herramienta para avanzar en la búsuqeda del equilibrio económico, pero tampoco está bien gestionado. La relación entre la necesidad de dicha materia y mercado es incompatible en el caso del petróleo (ayer día 8 de Junio el barril de crudo se situaba a 138 $ esperando una subida a más de 140 la semana próxima) básicamente porque no se puede perpetuar un mercado global fuerte comercializando una energía no renovable como el petróleo, y que además se ha instituido como la base del uso de tantas cosas en la vida cotidiana globlal.
El tesoro que amasan países como Arabia Saudí e Irán radica en una repartición del mismo con arreglo a la necesidad de la ecuacion del monopolio, e ideológicamente la “tecnología” ha pasado a ser un producto de la conquista y del mantenimiento de los yacimientos petrolíferos. América se lanzó a la conquista del oro negro, pero la malograda guerra de Iraq no ha sido suficiente, ni para encontrar a Bin Laden ni para conquistar el Dorado petrolífero, y llegados a este punto de la contienda parece ser que habrá una segunda parte que tendrá como punto de mira a la propia Arabia Saudí. El petróleo mientras tanto se agota, se agota!! Y el ciudadano occidental se sitúa mientras tanto en un proceso de consumo de petróleo que le arroja a otra ecuación: la de la necesidad del consumo.
Las leyes que imperan soterradas en toda esta estructura energética son: la adicción, el consumo y el monopolio económico. Estamos a tiempo de reaccionar sobre estas cuestiones, aprovechar el viento, el fuego y el agua: renovar el arjé.
